La liberación de especies exóticas (no autóctonas) plantea dos problemas principales: ecológicos y éticos. Aunque unas pocas mariposas exóticas liberadas en la naturaleza pueden no representar un problema inmediato, la práctica generalizada podría provocar riesgos medioambientales imprevisibles. Las especies exóticas criadas en mariposarios de todo el mundo suelen conllevar altos niveles de parasitismo, actuando como vectores de virus, hongos y bacterias potencialmente letales para las poblaciones locales. Además, si una especie exótica se aclimata al entorno local, puede causar la extinción de una o más poblaciones autóctonas debido a la competencia por el mismo nicho ecológico. Esto ya ha ocurrido, por ejemplo, con la mariquita asiática (Harmonia axyridis), que se liberó masivamente para el control biológico y ahora está desplazando a las especies nativas de mariquitas, como se documenta ampliamente en la literatura científica. Estos problemas no se plantean si la especie es autóctona, migratoria, abundante y extendida en la zona de liberación. La cuestión ética también se refiere a la probable corta supervivencia de los individuos procedentes de lugares exóticos que no están adaptados a los entornos locales. Además, según el primer párrafo del artículo 727 del Código Penal italiano, liberar especies animales no autóctonas en territorio nacional constituye un delito de «Abandono de animales».
Esto puede parecer paradójico, pero es muy importante. Nuestra actividad no pretende reintroducir especies extinguidas ni reforzar poblaciones locales débiles. El objetivo principal es educativo y estético. Reintroducir especies localmente extinguidas o raras sin criterios adecuados y un estudio científico exhaustivo podría empeorar su situación. Por el contrario, una población abundante y bien distribuida se beneficiará de la liberación de individuos sanos y genéticamente compatibles.
Una fuerte dispersión garantiza la homogeneidad genética, cargas uniformes de parásitos y adaptaciones medioambientales consistentes en toda el área de distribución de la especie. Esto evita una fuerte diferenciación entre poblaciones, que de otro modo podría asemejarse a la introducción de poblaciones exóticas (aunque de la misma especie). Preferiblemente, deben evitarse las especies con poblaciones que muestren rutas migratorias distintas, ya que la mezcla de estas rutas podría alterar las pautas migratorias establecidas desde hace tiempo (aunque esto no se ha demostrado en los lepidópteros).
La ciencia moderna permite evaluar la diferenciación de las poblaciones mediante marcadores genéticos específicos. La secuenciación del ADN puede revelar los niveles de diferenciación y cuantificar el flujo genético entre poblaciones. Proyectos como DNA Barcoding proporcionan bases de datos de secuencias mitocondriales útiles para tales análisis. Por tanto, una especie utilizada para liberaciones debe apoyarse en estudios de estructura genética para identificar las zonas geográficas en las que la liberación de individuos de determinadas poblaciones puede no ser apropiada.
Las mariposas deben criarse, no extraerse de las poblaciones silvestres. Esto es crucial para el control de patógenos, ya que abastecerse externamente dificultaría la gestión de la enfermedad. Para evitar la depresión por endogamia y la adaptación al cautiverio, se introducen periódicamente varios reproductores silvestres en las colonias de cría, respetando la regla genética de «un migrante efectivo por generación». Así se evita la adaptación local al cautiverio, que podría debilitar a las mariposas para su supervivencia en la naturaleza.
Como todos los organismos vivos, las mariposas pueden enfermar. En la naturaleza, aproximadamente 1 de cada 100 orugas sobrevive hasta la edad adulta debido principalmente a enfermedades (una condición natural). Diagnosticar las enfermedades de las mariposas requiere amplios conocimientos científicos y estudios específicos de cada especie. Las mariposas liberadas deben estar libres de patógenos importantes que puedan afectar a las poblaciones locales. Incluso una colonia de cría con patógenos circulantes sería insostenible más allá de una o dos generaciones. Nuestras mariposas se examinan mediante técnicas de microscopía no invasivas (no dañan a las mariposas) para producir colonias sanas y se toman muestras antes de liberarlas.